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El Papa condena la tortura como una humillación intolerable
sábado 29 de mayo de 2004 | 00:58
(Ciudad del Vaticano) El papa Juan Pablo II condenó el jueves la tortura y la consideró una afrenta intolerable a la dignidad humana, una semana antes de la visita del presidente estadounidense George W. Bush, que enfrenta el escándalo por los abusos a detenidos en Iraq.
El Papa no mencionó Iraq al condenar la tortura en su mensaje a los nuevos embajadores en El Vaticano.
Pero fue la primera vez que Juan Pablo II habla públicamente sobre la tortura desde la divulgación el mes pasado de las fotografías de los soldados estadounidenses abusando de prisioneros iraquíes en la tristemente célebre prisión de Abu Ghraib.
"Escuchamos informes perturbadores de todos los continentes sobre el estado de los derechos humanos, que revelan que las personas -hombres, mujeres y niños- son torturados y humillados, en contra de la Declaración Universal de los Derechos Humanos", dijo el Papa.
"Toda la humanidad está herida y humillada. Debido a que cada hombre es nuestro hermano, no podemos permancer en silencio ante estos actos ilegales, que no pueden ser tolerados", agregó Pontífice.
En semanas recientes, algunas figuras del Vaticano han criticado duramente a Estados Unidos por las vejaciones de prisioneros en Iraq. El discurso del Papa adquiere relevancia porque tiene previsto reunirse con Bush durante una visita del mandatario a Roma el 4 de junio.
"Es el deber de todos los hombres de buena fe, así tengan responsabilidades importantes o sean simples ciudadanos, hacer todo lo posible para respetar a cada ser humano", dijo el Papa en francés a los diplomáticos.
La semana pasada, un alto cardenal estadounidense en el Vaticano fue objeto de duras críticas por parte de los conservadores estadounidenses por acusar al gobierno de Bush de "fallas morales" y engaños en Iraq.
El cardenal también había advertido que la guerra había comprometido seriamente las futuras relaciones con el mundo árabe.
El Papa se opuso fuertemente a la invasión liderada por Estados Unidos y envió mensajeros tanto a Bush como al líder iraquí Saddam Hussein para tratar de evitar el conflicto.