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Pobres estadounidenses son más propensos a obesidad por alimentación barata
sábado 20 de marzo de 2004 | 00:18
(Cutler, Estados Unidos) Iris Caballero es una trabajadora agrícola que suele tener dificultades para mantener una provisión decente de alimentos en la alacena y en la heladera. Sin embargo, está excedida de peso y es diabética.
Caballero es el ejemplo vivo de una paradoja de los tiempos modernos: mientras disminuye el acceso confiable a los alimentos saludables, aumentan las probabilidades de aumentar de peso.
Los trabajadores de escasos recursos como ella no suelen tener tiempo para cocinar, no les alcanza el dinero para comprar vegetales frescos y deben hacer una larga caminata hasta el supermercado más cercano que tenga una buena provisión de frutas y verduras.
"Aspiramos a que sea fácil reemplazar una dieta de bebidas gaseosas y comida rápida con alimentos cocinados en la casa, frutas frescas y vegetales", expresó Adam Drewnowski, profesor de epidemiología de la Universidad de Washington que ha estudiado el asunto.
El problema se acentúa en lo que pareciera ser un sitio improbable: el Valle Central de California, de donde procede la mayor parte de los productos agrícolas de Estados Unidos. La región tiene también una de las tasas más altas de pobreza.
Aunque la obesidad se asocia generalmente con el hecho de comer demasiado y no con la mala nutrición, una creciente cantidad de investigaciones indica que las personas que han aumentado de peso en la última década tienden a tener los menores ingresos, y por lo general no ingieren la clase de alimentos ni la cantidad que necesitan.
El almacén del vecindario de Caballero en la aislada población agrícola de Cutler ofrece una amplia cantidad de alimentos procesados en coloridos paquetes, y vende a 50 centavos de dólar manzanas estropeadas.
"Muchas personas no pueden comprar para comer los productos que ellos mismos recogen", dijo Drewnowski, que también dirige un centro público de nutrición.
"Estas personas son obesas porque no tienen dinero, y algunas dietas son más baratas que otras", sostuvo.
"El mensaje ha consistido en responsabilizar a la gente. Nos olvidamos que existen personas cuyas opciones están fuertemente limitadas por el factor económico y el tiempo", explicó.
Caballero comprende esas limitaciones y consecuencias.
Durante la estación de las cosechas recoge las uvas y naranjas de las fincas que rodean esta pequeña población de Cutler. La fruta está disponible, y también el dinero. En consecuencia la familia se alimenta relativamente bien.
En el invierno, en cambio, los empleos son escasos, y Caballero alimenta a su esposo y tres niños con la comida más barata que puede conseguir: papas, pan y tortillas.
Para la mujer, que padece diabetes desde los 19 años, los alimentos con azúcar y recargados de grasa que se venden en el mercado local no sólo son poco saludables sino también peligrosos.
La obesidad es uno de los principales factores de riesgo de la diabetes, una enfermedad incurable en la que el organismo no puede controlar el nivel de glucosa en la sangre.
La escuela primaria de Cutler, adonde asisten los niños de Caballero, tiene tantos alumnos diabéticos que las maestras asistieron recientemente a un seminario de emergencia para saber cómo manejar los altos y bajos niveles de azúcar en la sangre.
Se trata de una escuela donde el 100 por ciento de los niños reúne los requisitos para obtener almuerzos gratuitos.
Después que un estudiante diabético de 15 años quedara ciego -una de las consecuencias de la diabetes no tratada- la escuela buscó ayuda. Ahora, Caballero y otras madres que trabajan en tareas agrícolas asisten a clases de nutrición que tienen en cuenta sus tradiciones culinarias, los bajos presupuestos y la falta de tiempo.
Las mujeres concurren porque saben que los alimentos más baratos, rápidos y que más satisfacen el hambre como la hamburguesa y la gaseosa que parecen tan suculentas tras una larga jornada en las fincas, no son los más saludables para sus familias.
En una de por lo menos diez clases que ofrece Dolores Vallejo cada semana, las madres hispanas aprenden a leer etiquetas escritas en inglés.
Vallejo explica que "el jarabe de maíz elevado en fructosa", la "sacarosa" y la "dextrosa", significan azúcar. Y les brinda numerosas recetas rápidas, baratas y de bajo contenido graso que sus familias pueden disfrutar.
Desafortunadamente, la mayor parte de los programas de salud no abordan estos temas.
Como las comidas procesadas ricas en azúcar y grasas son menos costosas que las frutas y los vegetales, son principalmente los pobres los que pagan cada vez más las consecuencias de la obesidad, seguida por la diabetes.
Esto sucede incluso cuando las condiciones relacionadas con una desnutrición, como la anemia provocada por la deficiencia de hierro en las dietas que no incluyen alimentos de hojas verdes, continúan afectando a niños pobres, dijo Jay Battacharya, experto de la facultad de medicina de la Universidad de Stanford.
Al salir de la clase de nutrición, Caballero y las otras madres dijeron que apreciaban los consejos que habían recibido sobre una alimentación sana. Sin embargo, aún deben arreglárselas para pagar más por el jugo de frutas natural en lugar de la mezcla que saben está hecha de azúcar y agua.
Asimismo, aún tienen que caminar seis kilómetros y medio, con frecuencia junto a sus hijos, hacia y desde el supermercado más cercano en el que pueden conseguir una variedad de frutas y vegetales frescos a menor precio.
Junto a la carretera estatal que conduce desde Cutler hacia el supermercado de una localidad vecina se ha construido una nueva acera, un testimonio de los esfuerzos de las mujeres por alimentar mejor a sus familias.
"Quiero alimentar a mi familia con mejores alimentos", expresó Irene Flores, una trabajadora agrícola y madre de tres niños que almacena paquetes de habichuelas para comer en el invierno.
"Mi esposo me pidió que comprara lechuga porque le gustan las ensaladas. ¿Cómo puedo comprarla a casi dos dólares cada planta?", se preguntó.
Con información de Associated Press