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Las "huellas digitales del cerebro" ayudarían a rastrear crímenes
miércoles 19 de febrero de 2003 | 21:00
Una técnica llamada "toma de huellas digitales del cerebro", que busca investigar si un sospechoso tiene algún conocimiento específico de un crimen, podría convertirse en un arma poderosa para la seguridad nacional, dijo el inventor del método.
Lawrence Farwell, un científico especializado en neurología que estudió en Harvard, fundó la empresa Brain Fingerprinting Laboratories hace 12 años y dirige su compañía desde una localidad en el estado norteamericano de Iowa.
El científico piensa que la técnica podría convertirse en una gran herramienta para las fuerzas de seguridad y las tareas de inteligencia.
"Desde una perspectiva científica, definitivamente podemos decir que la toma de huellas digitales del cerebro podría tener beneficios sustanciales para identificar terroristas o para exonerar a personas acusadas de ser terroristas", dijo Farwell.
Sin embargo, la polémica técnica, que ha tenido algún éxito, debe superar el escepticismo de expertos que se rehúsan a aceptarla.
La toma de huellas digitales del cerebro funciona a través de la medición y el análisis de picos de actividad eléctrica que ocurren en una fracción de segundo cuando el cerebro responde a algo que reconoce.
Por ejemplo, si al sospechoso de un asesinato se le muestra un detalle de la escena del crimen que sólo él conoce, su cerebro registraría involuntariamente ese conocimiento.
En el sistema de Farwell, la actividad del cerebro se registra a través de electrodos que se ponen en la cabeza del sospechoso y sus ondas se miden con un electroencefalógrafo.
Una persona que nunca hubiera visto la escena del crimen no mostraría ninguna reacción.
Muchos científicos han estudiado el pico inicial de la actividad cerebral, conocido como "p300", que ocurre entre 300 y 500 milisegundos en respuesta a un estímulo.
La contribución de Farwell consistió en elaborar algo que él llama el MERMER (siglas en inglés de Respuesta Electroencefalográfica Multifacética Relacionada con Memoria y Codificación), que mide el patrón de la respuesta del cerebro hasta 1.200 milisegundos después de que se administró el estímulo.
Caso de asesinato resuelto
En 1999, Farwell usó su técnica para resolver un asesinato de 1984 en el estado de Missouri. La policía tenía fuertes sospechas de que un leñador local, James Grinder, había secuestrado, violado y asesinado a Julie Helton, una mujer de 25 años.
Pero las autoridades no tenían las pruebas suficientes para condenarlo. Luego, Grinder aceptó que se le tomaran las huellas digitales del cerebro, para demostrar su inocencia.
En la pantalla de una computadora, Farwell mostró detalles del crimen que sólo el asesino debería conocer, incluyendo objetos tomados de la víctima, dónde estaba localizado el cuerpo, objetos de la escena del crimen, y detalles de las heridas en el cadáver.
"Lo que dijo su cerebro, era que él (Grinder) era culpable", dijo el científico. "El tenía información crítica y detallada que sólo hubiera tenido el asesino. El asesinato de Julie Helton estaba almacenado en su cerebro, y había estado almacenado allí desde hacía 15 años, cuando cometió el crimen".
Grinder se declaró culpable una semana después del análisis cerebral, a cambio de una sentencia de cadena perpetua, para evitar la pena de muerte. También confesó el asesinato de otras tres jóvenes.
En el 2000, el sistema de las huellas digitales cerebrales enfrentó su primer desafío legal, en el caso de Terry Harrington, un hombre de Iowa que había estado 23 años detrás de las rejas por el asesinato de un guardia de seguridad en 1978.
Las pruebas de Farwell sugirieron en forma determinante que Harrington era inocente, pues no tenía conocimiento de la escena del crimen.
El juez del caso admitió la nueva prueba, pero no liberó al condenado, al decir que no estaba claro si los resultados de la prueba hubieran llevado a un veredicto diferente en el juicio original. Ahora, el caso está en manos de la Corte Suprema de Iowa.
Farwell ha trabajado tanto para la FBI como para la CIA, y también ha sido contactado por gobiernos extranjeros, incluyendo algunos de Oriente Medio.
Pero los críticos todavía no están convencidos.
Nueva versión del viejo detector de mentiras
"No hay evidencia de que uno pueda determinar las malas intenciones, o cualquier cosa, a partir de las huellas digitales del cerebro. Es la versión del siglo XXI del detector de mentiras, que tampoco funciona muy bien", dijo Barry Steinhardt, quien dirige un programa de tecnología de la Unión de Libertades Civiles de Estados Unidos (ACLU por sus siglas en inglés).
Un informe del 2001 de la Oficina de Contabilidad General del Congreso estadounidense reveló que las autoridades de la CIA, la FBI, el Departamento de Defensa y el Servicio Secreto no preveían, en esta etapa, el uso de la toma de huellas digitales cerebrales, por los conocimientos necesarios para emplear la técnica y porque tendría una utilidad limitada.
Por ejemplo, la CIA explicó que para aplicar la toma de huellas digitales del cerebro, un investigador tendría que conocer detalles suficientes de un evento particular para poner a prueba los conocimientos de un individuo sobre ese acontecimiento.
En la contrainteligencia, esos detalles específicos no siempre están disponibles.
Farwell respondió a esto citando una prueba que realizó en 1993 para la FBI, en la que identificó a 11 agentes de la FBI de un grupo de 15 personas. "Si podemos detectar a alguien entrenado por la FBI, deberíamos ser capaces de detectar a alguien entrenado por al Qaeda", dijo.
Sin embargo, al igual que ocurre con las pruebas con los detectores de mentiras, la técnica requiere la cooperación del sujeto. Un sospechoso simplemente podría rehusarse a cooperar, cerrando los ojos y negándose a mirar la información que le ponen en la pantalla que tiene enfrente.
Si la técnica fuera aceptada ampliamente, los jueces todavía tendrían que decidir si aceptan como pruebas a los resultados de la toma de huellas digitales cerebrales.
Los científicos independientes contratados por los investigadores del congreso, presentaron varias objeciones sobre el método de las huellas digitales del cerebro y dijeron que tenía que mejorar en cuestiones como la forma en que la memoria está afectada por las drogas y el alcohol, las enfermedades mentales y la ansiedad extrema durante las situaciones de crímenes.
Igualmente, William Iacono, un profesor de psicología y neurociencia de la Universidad de Minnesota, dijo que tenía confianza en que la toma de las huellas digitales cerebrales eventualmente se convertirá en la norma para muchas aplicaciones, como la investigación de crímenes que han sido planeados con mucho cuidado.
Mientras, Farwell sigue avanzando. Ahora quiere explorar el uso de la toma de huellas digitales del cerebro para detectar y monitorear el comienzo de la enfermedad de Alzheimer.
También ve un interés comercial de parte de los publicistas, que quieren medir la efectividad de sus comerciales, qué partes son recordadas y cuáles caen en el olvido.
"Lleva tiempo que las nuevas tecnologías ganen aceptación, pero es sólo una cuestión de tiempo", dijo.